Tu mirada heteronormativa está jodiendo la Prehistoria total (I)

“No hay ninguna naturaleza, sólo existen los efectos de la naturaleza: la desnaturalización o la naturalización”.

                                                                                         Jacques Derrida

 

Normalmente esta exposición comienza con un “juego” en el que se observan diversas representaciones de la prehistoria y se pide a lxs participantes que se fijen en las actividades realizadas por las mujeres y hombres que aparecen. A veces hay más colaboración, a veces hay menos, pero lo que observamos es que mayoritariamente las mujeres aparecen encargándose de actividades de mantenimiento, reproducción y recolección (actividades históricamente denigradas y consideradas sin importancia) mientras que los hombres se encargan de lo “verdaderamente” importante de la prehistoria, de lo que ha perdurado y ha hecho que estructuremos este periodo histórico cómo lo hacemos: la caza, la pesca, la industria lítica y las pinturas. Y esto se parece sospechosamente al concepto de división sexual del trabajo que muchxs individuxs aún mantienen debería ser aún hoy en día: hombres productores y mujeres reproductoras, aunque no lo llamen así y lo naturalicen o recurran al “como Dios manda”.

Vale, total, ¿esto por qué pasa? Pues porque tenemos de fondo un bodyscape actuando, es decir,  la expresión de una creencia en la forma perfecta del cuerpo humano. Este “cuerpo perfecto” puede concebirse desde cualquier institución, ya sea desde la educación escolar, los deportes, las fuerzas militares, la ley o la ciencia. Además al ser representaciones idealizadas las diferencias, sobre todo las relativas a raza y género, se minimizan. Por ejemplo las imágenes de un libro de anatomía: varones y mujeres blancos (que muchas veces parece que olvidamos que el hecho de ser blanco, aunque sea una posición hegemónica, es minoritaria). Este concepto no es solo una abstracción, los bodyscapes son construidos cultural y políticamente, están históricamente situados, y cambian por procesos de construcción, negociación y deconstrucción constantes.

1.- El cuerpo masculino, ya desde Aristóteles y Galeno, ha sido el standard. De hecho las primeras representaciones del esqueleto humano femenino son de mediados del siglo XVIII.

2.- El sexo es dicotómico, inmutable e intercambiable con el género. Lo cual ha permitido considerar como patológico cualquier “desviación” de esta norma como los cuerpos intersexuales, la homosexualidad, la transexualidad y lo transgénero. De hecho tiene mucho impacto en lo que Judith Butler denominó la matriz heterosexual: sobre el sexo (mujer u hombre) se construye el género (femenino o masculino) y de ahí hacia quién se dirija tu deseo te categoriza en una u otra identidad sexual (homo o heterosexual).

3.- El discurso y la práctica científica inevitablemente fragmentan el cuerpo femenino, centrándose en sus partes con potencia reproductora. La implicación es que el cuerpo ideal y normal femenino es uno reproductor.

Como es este bodyscape médico hegemónico el que se aplica en el estudio de restos humanos óseos y momificados, conduce a ciertas reconstrucciones de la identidad personal y social, así como a considerar las interacciones entre individuos, muy simplificadas y ‘heteronormativas’, destemporalizando el propio pasado. A continuación veremos un ejemplo: Las huellas de Laetoli. Estas son huellas fósiles pertenecientes a Australopithecus afarensis (2,9 – 3,9 m.a.) encontradas en Tanzania. Hasta hace poco se pensaba que pertenecían a dos individuos adultos (uno más grande y otro más pequeño) y a una cría, aunque ahora usando morfometría geométrica y otras metodologías super adelantadas se ha visto que podrían ser un grupo de individuos. Whatever, según la hipótesis antigua las huellas de los dos primeros estarían muy juntas sugiriendo que iban agarrados mientras que las pisadas de la cría se superponen a las de los adultos (¿estaba jugando?).

Ante este escenario surgen varias hipótesis sobre el (posible) parentesco de esos individuos: ¿una familiar nuclear (y radiactiva)? ¿unx de lxs progenitorxs con dos crías? ¿tres hermanos? ¿individuos sin relación genética en plas amiguis?… A pesar de haber diferentes opciones y de la discusión sobre el tema (entre otros el grado de dimorfismo sexual en la especie), las pisadas de dichos individuos al haber sido analizadas desde el bodyscape biomédico contemporáneo y occidental se aceptó como explicación la familia nuclear, aún hoy hegemónica en representaciones, museos y algunos libros.

¿Entonces, hay algo que podamos hacer para desafiar estar interpretaciones y proponer algunas nuevas? Pues claro que sí, guapi. Pero eso lo veremos en el siguiente post, mientras os dejamos dándole vueltas al asunto.