Palestina: mapear para resistir

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Vista de la colonia israelí de Pisgat Amir. Fuente: aquí

Hoy os traemos la nueva colaboración de El Perro de Chulainn, que a falta de algo útil que hacer con su vida se ha puesto manos a la obra, haciendo una entrada sobre el poder que se oculta en los mapas.

El otro día le intenté explicar a mi sobrina que hay que tener cuidado con los mapas: pueden ser poderosos instrumentos de dominación imperialista -¿os acordáis del revuelo que se montó hace unos meses porque en los mapas de guguel no aparecía Palestina? Ella apartó durante un instante la vista de la pequeña pantalla en la que Dora la Exploradora avanzaba guiada por el mapa y, mirándome fijamente a los ojos, me dijo con esa sabiduría que solo las criaturas de cuatro años tienen: “Pero a veces sirven para encontrar cosas”. “¡Maldición!”, exclamé para mis adentros, “ha salido reformista”.

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Lenin lo sabía. Fuente: mitá y mitá entre Vladimir y el Perro.

En el fondo la suya, desde esos cuatro años tan bien vividos, es la visión más extendida: la del mapa como instrumento que representa la realidad y que nos permite orientarnos en el espacio que nos rodea, ya sea a pequeña escala –como el mapa del metro de Glasgow– ya en todo el mundo en general y en Corea del Norte en particular –los Urales, los Urales, ¿qué me importan a mí esos malditos Urales? Traumas con la geografía de tercero aparte, como arqueólogas y como historiadoras los mapas son un componente básico de nuestro trabajo, aunque, reconozcámoslo, rara vez los utilizamos como algo más que registro de hallazgos o para ilustrar esa publicación que hemos mandado a esa revista que sabemos que nos dirá que hay que mejorar el aparato gráfico –por lo visto hay gestores de publicaciones que incluso te permiten programar automáticamente esa respuesta.

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Mapa del metro de Glasgow, donde menos es más. Fuente: viajaraglasgow.com

Pero los mapas son, o pueden ser, mucho más. De esto, entre otras cosas, es de lo que nos habla El Cartógrafo, de Juan Mayorga. La obra gira –gira aquí quiere decir que viene un pequeño spoiler– en torno a la historia o leyenda de un viejo cartógrafo judío y de su pequeña nieta, que juntos habrían dibujado un mapa del gueto de Varsovia, o mejor, de sus últimos momentos y de su aniquilación –pero el tiempo, como dice el anciano, siempre es lo más difícil de representar. Ese mapa es el mapa de una resistencia que se apagaría tras el fulgurante, pero brevísimo estallido que supuso, ya cuando casi todo estaba perdido, el alzamiento del gueto. “Si un cartógrafo te dice que es neutral, ya sabes de qué lado está. Un mapa siempre toma partido”, le dice el anciano en una ocasión a su nieta. “Un mapa no es una fotografía”, señala en otro momento. “En una fotografía siempre hay respuestas a preguntas que nadie ha hecho. En el mapa solo hay respuestas a las preguntas del cartógrafo. ¿Cuáles son tus preguntas”.

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Representación de El Cartógrafo, de la que podéis ver fragmentos aquí. Fuente: teatroespanol.es

Son preguntas sobre el tiempo y la resistencia a las que responde el mapa que ha creado una ONG israelí llamada De-Coloniser. El mapa refleja la destrucción de ciudades, pueblos y aldeas palestinas que ha tenido lugar a lo largo del último casi siglo y medio como preludio y consecuencia de la creación del Estado de Israel -¡toma taza y media, guguel!

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Mapa de De-Colonizer

El proceso tuvo su punto álgido durante la Nakba –la destrucción centenares de pueblos y la expulsión de millares de palestinos que siguió a la creación del Estado de Israel en 1948–, pero su origen se encuentra a finales del siglo XIX, cuando se instalaron las primeras colonias sionistas en Palestina, y prosigue hoy en los territorios ocupados con la destrucción de aldeas, la ocupación de tierras y la construcción de nuevas colonias.

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El pueblo de Sumeiriya en 1948. Fuente: Wikipedia

En definitiva, lo que se pretende con este mapa es mostrar que la Nakba no fue un acontecimiento aislado y que la violencia con la que Israel ocupa esos espacios no es un fenómeno reciente. Las fuerzas y la lógica que en 1948 se desplegaron con tanta virulencia tenían raíces profundas y han seguido operando hasta la actualidad: no hace más que unos días que el parlamento israelí “legalizó” –porque, digan lo que digan, siguen siendo ilegales– 4.000 casas construidas en colonias levantadas en tierras palestinas.

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Demolición del pueblo de Um el-Hiran el pasado enero. Fuente 972mag.com

De esta manera, en este mapa del poblamiento –un mapa acaso no tan diferente en la forma a aquellos que tantas veces hemos dibujado en nuestros trabajos– late la voluntad de poner al descubierto la dimensión histórica de un proceso que aquí nos llega a golpe de titular. Al igual que aquel mapa del gueto, este es un mapa de una historia de violencia y de continua violación de derechos, aunque también de una resistencia, o para una resistencia. Porque allí donde el abuelo y la niña encaran su proyecto sabiendo que en el fondo se trata de un esfuerzo trágico –la destrucción del gueto se sabe inevitable–, este segundo mapa es un paso más en el camino de quienes aún no se han dado por vencidas.

El Perro de Chulainn

 

Las citas de El Cartógrafo están sacadas de la edición publicada en Juan Mayorga, Teatro (1989-2014), Ediciones La Uña Rota, Segovia, 2014, pp. 610 y 617.

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