El nacionalismo es perjudicial para la salud

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Ya se acerca la feliz nabodad y nuestra compañera Rata DosPatas le ha ofrecido a Wu Ming una colaboración como regalo. Nacionalismos y nazi-onalismos todos a una como en Fuenteovejuna. Vamos que nos vamos, Caranchoa.

Hoy, si Hobsbawm, Geller y otros monstruos del pasado eruditos me lo permiten, me gustaría escribir unas letras sobre los nacionalismos y lo malísimos que son.

Para empezar, estos conceptos que tanto usamos y tan a la ligera en la actualidad, ¿de qué coño salen? Bien, como todas ustedes saben, “nación”, “nacionalismo” y demás sandeces surgieron en una época en que las gentes europeas montaban revoluciones, se rajaban las venas y esnifaban rapé de un anillo en sus dedos, así, todo a la vez. Esto puede sonar eurocéntrico, pero afortunadamente, las europeas diseminaron sus genes, enfermedades y costumbres por doquier, de tal manera que ahora sus payasadas están por todas partes y a mí me vale para extrapolar a la ligera, desde los USA hasta la China Popular (Carod Rovira sigue viva, la he parafraseado). Bueno, el caso es que esa época fue el Romanticismo, que abarca desde el siglo XVIII hasta el infinito. Con esto (boom, en tu cara) nos ahorramos el engorroso trabajo de descontextualizar estas ideas aplicándolas a escenarios anteriores del pasado, lo cual sería ERRÓNEO, gracias.

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Efectos estimados del rapé en humanas románticas (fuente: tresmontes.wordpress.com)

Algunas viejas sabias han realizado toda una tipología de los nacionalismos: culturales, políticos, económicos, centrífugos, centrípetos… (no, no estoy hablando ni de lavadoras ni del colisionador de hadrones de Ginebra; mírate la wikipedia). Un follón, porque nadie se pone de acuerdo. Pero, ¿en qué se basan todas estas felices ideas? Enunciaré cuatro características principales para definir los sentimientos nacionalistas. ¡Atención, son acumulativas!:

Un grupo de humanas que se creen guays, superespeciales y están cohesionadas. Esto es esencial para que tengan conciencia de grupo y puedan empezar a putear a otras humanas. Si no, que se lo digan a las israelitas, que de putear y ser puteadas saben un montón, como podéis comprobar todas en su currículum (https://www.youtube.com/watch?v=oN5tZ_X0dSo).

Un acervo cultural común. Esto reside en la creación de (1) mitos nacionales, que básicamente son agujeros de gusano espacio-temporales por el que algunas humanas nacionalistas se introducen, presencian sucesos del pasado y después vuelven a su presente y le cuentan a las demás lo que han visto, y luego todas se sienten estupendas, fanatizadas y con derecho a seguir puteando a otras humanas, (2) un idioma común, que puede ser diferente a otros idiomas, o no. El caso es que es también un gran instrumento para el puteo, ya sea imponiéndolo a otras humanas de fuera del espectro nacional o de dentro. Se puede imponer de muchas maneras: por la fuerza, por imposición cultural, diciendo “eso es un dialecto” en la COPE… Rizando el rizo, se pueden fusionar ambos casos e intentar demostrar que tu idioma es el más antiguo del mundo mundial, que como no se puede demostrar, pues a nosotras plín. Otras cositas que entran en esta categoría son la religión, que importa, como el tamaño del pene, o los bailes regionales, las fiestas de guardar y la apropiación tendenciosa del patrimonio, que embellecen, como Fernández Díaz en la Comisión de Exteriores del Congreso.

Un solar patrio. Esto es muy importante y perfectamente aleatorio. El grupo de humanas en cuestión necesita un hogar, un espacio geográfico donde implantar sus lindezas nacionalistas. Como las niñas chicas, si lo tienen ya, quieren más. Si no lo tienen, ahí ya hay un problema, porque el tema está, en ocasiones, más competitivo que una app de contactos el viernes por la noche. Algunos ejemplos: el Lebensraum alemán, la Reconquista española, el Destino Manifiesto estadounidense, el Sionismo… todos ellos y muchos otros tienen algo en común: intentar cambiar los mojones fronterizos en cuanto la vecina no mira, como en mi pueblo. Y unas veces hay guerra, otras represión. El no va más, el órdago a la grande ya es juntar este concepto de “patria nacional” con el de Estado: es el Estado-Nación, que es megachic y está de moda, porque permite excluir a las residentes que no entran en los parámetros elegidos por la “mayoría nacional” y tratarlas como extranjeras domésticas, ciudadanas de segunda clase y, en general, ejercer violencia sobre ellas, social, cultural o física. Para más información al respecto, escríbele un correo a Donald Trump.

Reconocimiento internacional. Llegadas a este punto, las representantes de los Estados-Nación se juntan todas y montan una orgía en la que se reconocen unas a otras como iguales y deciden dónde poner los mojones. ¿Están todas allí reunidas? Pues resulta que no. Y así surge una categoría bonustrack en todo este meollo: las Naciones sin Estado, que son grupos-cohesionados-de-humanas-con-acervo-cultural-común-pero-sin-solar-patrio, que tienen que andar mendigando que les reconozcan por ahí, y sólo lo consiguen si caen bien porque sus opresores caen mal, como las palestinas o las kosovares. Otras, como las saharauis, las poblaciones no-han de China o las indias americanas, están en el limbo de las justas, porque no interesan a nadie que tenga poder de decisión o sus opresores dan miedito. Un último caso lo representan las denominadas “entidades subnacionales”, que reúnen los requisitos previos pero están “suficientemente representadas” por un tercero, independientemente de sus reivindicaciones. Es el caso de catalanas, vascas, escocesas, kurdas, asirias, oromo, vulcanianas…

Precioso panorama, ¿verdad? Pues igual es que los Estados-Nación son basura. Igual deberíamos hacérnoslo mirar y buscar otro modelo algo más inclusivo, que este apesta y genera exclusiones innecesarias. Igual entonces algunas refugiadas y migrantes serían mejor recibidas allá donde vayan. Aunque ni yo me lo creo.

Sin más, se despide,

Rata DosPatas

Sobre la autora:

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Un comentario en “El nacionalismo es perjudicial para la salud

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