Wumingada del mes. Parte II: utilizado por la épica o cómo Batman me quitó la dignidad

excavacion

Una excavación cualquiera. Izquierda: antes; derecha: después; centro: Albert Rivera. Cortesía de Max

¡Domingo! ¡Ya falta menos para el lunes, amigas y amigos! ¿Y qué mejor forma de pasar este día del Señor (alias Monstruo de Espagueti Flotante) que dejándose caer por el blog del GAS y participar en la wumingada del mes? ¡Pues ninguna! Como anunciamos en el día de ayer, durante este mes queremos que escribáis una anécdota humillante o divertida que os haya ocurrido en una excavación arqueológica. Como dice una vieja canción, “no más deberes sin derechos/ningún derecho sin deber”, y por eso las miembras del GAS somos las primeras en contaros alguna anécdota en la que la protagonista hemos sido nosotras. Ayer, Soyuz Gorri se quitó su traje de decencia y dignidad y se puso un disfraz de Emperador Nudito. Hoy, es el turno de Max, con una anécdota especialmente olorosa, digna de El Perfume de Süskind. Y ya sabéis, ¡participad o morid, mortales!


UTILIZADO POR LA ÉPICA O CÓMO BATMAN ME QUITÓ LA DIGNIDAD

Hay una escena memorable en la memorable película que fue para la memorable generación de los que nacimos entre las 2 y 5 de la mañana de un día de abril de 1987 American Pie en la que el protagonista, Jim Levenstein se levanta después de una noche de sexo bizarro (que es lo que gusta) y descubre que la psicópata con la que se acostó se convierte en un gigante dinosaurio de plástico. La chica (Alyson Hannigan, alias Lily de “Cómo conocí a vuestra (pastelera) madre”) había hecho una trececatorce dejando a Jim solico en su desvirgado despertar. Primer momento: Jim mira alrededor preocupado y dice “me han utilizado”. Segundo momento: Jim mira alrededor todo feliciano y dice “me han utilizado… ¡genial!”. Entre el primer “me han utilizado” y el segundo media una reconciliación con su yo, su superyó y su ello de por lo menos medio año luz. Lo que al principio era decepción y culpa se reconvierte en satisfacción y alegría. Y en darse cuenta de que (¡qué cojones!) me han utilizado pero el fin (el polvo) ha justificado los medios (ser un instrumento de una maniaca sexual).

A esta que escribe le sucedió algo parecido en un lugar, que, para no dar referencias directas, llamaremos el yacimiento de Tautavel (Pirineos Orientales, región de Languedoc-Rosellón, Francia, coordenadas UTM ERTS89 X: 479333; Y: 4740335; altura sobre el nivel del mar: 105 m.) en el que he pasado algunos de los mejores, peores y regulares momentos de ese camino de infección que quiero sea mi vida. Este es un yacimiento arqueológico de verano con todos los requisitos clásicos: condiciones sanitarias inmejorables, una temperatura estable de 21ºC con viento fresco del sur, sobrada alimentación, poco alcohol y buenas instalaciones para el bienestar de todas las excavadoras. Versión 2: este es un yacimiento arqueológico de verano con todos los requisitos clásicos: condiciones sanitarias deplorables, una temperatura estable de 40º en la sombra, ¿alimentación?, alcohol emanando por doquier e instalaciones que, gracias a la colaboración de todas, se convierten durante el período de excavación en Auschwitz el día antes de su liberación. Fue en esta utopía arqueológica, a la que fui cinco años seguidos poniendo en peligro mi integridad física y mi hígado, pero generando recuerdos grabados a fuego por los que todavía suspiro en las noches en alta mar, donde ocurrió la historia arqueohólica que pongo a disposición de las lectoras.

Un kualkier día piperrakiano estábamos juntos unas compas y se nos ocurrió la brillante idea de insinuar que las condiciones laborales, higiénicas y, exigentes nosotras, las condiciones humanas, podían ser mejoradas con un poco de esfuerzo de todas y dos cucharaditas de voluntad. En concreto, focalizamos nuestras quejas hacia la sublime y exquisita limpieza de los servicios que utilizábamos las excavadoras para ducharnos y hacer cacotas. Digamos que el día que se construyeron aquestos sanitarios fue el único día que estuvieron limpios. Cuenta la leyenda que el último que lo limpió ahora guarda el Santo Grial cerca de Alexandretta. Pues bien, el ínclito técnico responsable, que, para no dar detalles, llamaremos Batman, decidió tomar cartas en el asunto y tomó la única solución lógica: sin previo aviso, los compas y yo misma nos prestamos “voluntarias” para limpiar la cueva de Mordor de la hez. ¡Bum! En nuestra cara. Palmo de narices de proporciones nachovidalianas. Para más Inri (traducido por: “In your face”) tuve que dejarle mi buga (como denominamos los nigga a nuestros coches) a Batman. Todo iba según lo planeado.

Adam West Batman

Retrato robot del culpable de la humillación de Max. Fuente: blastr.com

En cualquier caso, la cuadrilla nos lo tomamos con filosofía heideggeriana y decidimos hacer lo que haría cualquier campesino medieval que tiene que ir a las corveas de su señor: mamarnos cual perracas. Cogimos el coche que aún nos quedaba y fuimos al pueblo a coger gasolina C (de Cerveza) para afrontar la olorosa tarea que nos aguardaba. Prestos con nuestros utensilios de trabajo (básicamente machetes, lanzallamas y algo de lejía) comenzamos la heroica labor. No detallaré el sublime mosaico de olores, colores y sabores que nos encontramos en la cueva de la Bruja Mala del Oeste. Los resumiré en tres Unidades Estratigráficas esperando no sea la hora de comer cuando leáis estas líneas: cacotas en el borde of the váter (¿pero cómo se puede fallar? ¿¡Cómo!?), aracnicidio digno de otro Nuremberg y tampones usados. Rico, rico, y con fundamento. Un monumento a la capacidad de destrucción humana.

Disfrutando cuales niños entrando en Disneylandia y borrachos como adultos entrando en Disneylandia, decidimos que nos faltaba música para que la experiencia fuera algo menos denigrante. En esto que alguien, úsease la menda, decidió poner a disposición su coche (a la sazón devuelto por Batman) para poner un poco de Ska-P, que era la banda sonora oficial de la excavación (acojoníticamente, son un fenómeno musical en Francia). Acércome al coche, sácome las llaves de las únicas bermudas que llevé al yacimiento, dispúseme a abrir la puerta… cuando un olor a rayo puto o puto rayo me dio un sonoro uppercat en la cara. “¿Quién ha muerto en mi coche?” pensé. “¿Qué cosa salida de las entrañas del infierno puede tener este poderosa fragancia que casi me deja muñeco?” grité. Bien, queridas compañeras, pues resulta que Batman, que había cogido mi coche, había decidido en un giro inesperado del guión meter toda la basura acumulada en su casa durante los anteriores tres lustros en la parte de atrás de mi buga (que es como los nigga llamamos a nuestros coches). Y para rematar tan magnífica escultura a la infección humana, Batman había decidido poner tres preservativos como tres flores perfumadas en cada una de las bolsas de basura cual estrellas de Navidad colocadas en la punta más alta de un abeto… de mierda. Yo, personalmente, llamadme loco, hubiera preferido un ambientador de coche con forma de pino. Huele igual de mal, pero ocupa menos sitio.

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Viva imagen de Max abriendo la puerta de su coche representado en el Museo de la Prehistoria de Tautavel. Fuente: homedesignblogs.net

Primer momento. Derrotado en una batalla más, esta que escribe sacó estos trofeos del coche, intentando resistir las ganas de vomitar, de llorar y de apearse de este lugar llamado mundo. Lágrimas de desconsuelo corrieron por mis humilladas mejillas en busca de un suelo en el que no hubiera basura. Porque efectivamente, una de ellas se rompió, esparciendo por el camping del yacimiento una potente Unidad Estratigráfica de putami (nombre técnico de los estratos putamierda) subactual. En Tautavel, 40ºC a la sombra, infraalimentado y fermentando cerveza en cada una de mis vías sanguíneas, el Destino me miraba al fondo de los ojos mientras se partía el ojete calor. La viva imagen de la derrota.

Segundo momento. Como Jim, miré alrededor una segunda vez y, viendo que mis compañeros todavía no se habían levantado del suelo del generalizado descojone por la patética escena, me hice un selfie con el destino y yo también me reí. Cuentan que una prisionera en un gulag, aterida de frío, le preguntó a otra si alguna vez sería capaz de contar su historia; contestando su interlocutora que sí, la prisionera esbozó una sonrisa de victoria. Y es que las historias más épicas nacen de los momentos más bajos y oscuros. Os cuento mi arqueohistoria y siento que estoy siendo utilizado por la Épica. ¡Brecht wins, bitch!

Max

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3 comentarios en “Wumingada del mes. Parte II: utilizado por la épica o cómo Batman me quitó la dignidad

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